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13 de enero de 2010

Un monje llamado Kevin (498-618?)

Hay varias formas de llegar en coche desde Dublín hasta las Wicklow Mountains (son apenas 30 minutos de agradable excursión), y en todos los casos el recorrido se hace más bello cuanto más se adentra uno en las montañas.

Sea cual sea la ruta escogida, todas las carreteras parecen conducir inevitablemente a Glendalough, el Valle de los Dos Lagos. Sí, Irlanda tiene ese algo tan especial que en un plis plas consigue trasladarte a otro mundo, dar un salto en el tiempo.

Cuenta la historia que en el año 498, un joven monje de nombre Kevin llegó al valle. Por lo visto quedó absolutamente hechizado por el lugar y lo consideró perfecto para la meditación, por lo que se instaló en una antigua tumba de la Edad de Bronce, muy cerca de lago Superior. Durante 10 años, Kevin durmió sobre las piedras y, según cuenta la leyenda, se hizo gran amigo de los animales.

Atraídos por la fama del hombre santo, de quien se decía incluso que hacía milagros, y de su forma de vida natural, pronto el lugar se convirtió en un importante centro de peregrinación cristiana.

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