Patsy Watchorn tuvo que decir que ellos se pasarían toda la noche cantando ayer en la sala Galileo Galilei de Madrid, pero que el concierto tenía que terminar. En sus 47 años de carrera, The Dubliners nunca habían pasado por Madrid y sus incondicionales hacían palmas y clamaban aquí y allá. Si hubiese habido pistolas por entre el público, las habrían disparado repetidamente contra el techo, probablemente.Las últimas canciones, las míticas ‘Dirty Old town’, ‘Whiskey in the jar’, ‘Wild rover’ o ‘Molly Malone’, se cantan como si uno fuese irlandés, y el clímax floreció encendido, irlandés, pero la cosa tuvo que terminar (si no, no sería un clímax).
Además, quizá ya era suficiente para Watchorn, Barney Mc Kenna, Sean Cannon, John Sheahan y Eamonn Campbell. Entre todos suman más años que algunos bosques, e innúmera grabaciones, y ya no les hace falta más fama de crápulas. Ya se emplearon a fondo con sus viejas tonadas, en esa franja tabernaria tan pronto tristona, tan pronto festiva, apoteósica y bailable en cadeneta. Música voluble como la borrachera misma. Sus canciones son emblemas populares, y The Dubliners es como un bastión frente al tiempo.
No faltaron los homenajes a los fundadores dejados en el camino: el lejano Luke Kelly tuvo su ofrenda (con el ‘Lucke Kelly’ s Aniversary Poem’), así como Ronnie Drew, miembro fallecido en el verano de 2008. Y no son los únicos, otros más les han dejado. The Dubliners se recicla como el campo.
No faltaron los homenajes a los fundadores dejados en el camino: el lejano Luke Kelly tuvo su ofrenda (con el ‘Lucke Kelly’ s Aniversary Poem’), así como Ronnie Drew, miembro fallecido en el verano de 2008. Y no son los únicos, otros más les han dejado. The Dubliners se recicla como el campo.
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